El hombre al que la muerte despreció.
Por: Juan Mazondo A.Léela en mi blog, es más fácil
Cap. 48 Negociando en el banco.
La voz de Duval se dejo escuchar nuevamente.
-El momento como todos han podido observar es en verdad impactante. No sabemos qué es lo que está sucediendo dentro del banco pero al parecer alguien ha llamado la atención del atracador. Solo esperamos que no sea otro de los rehenes y que esto vaya a desembocar en una matanza.
Dentro del banco el jefe de la banda se volvía furioso y encañonaba a un anciano judío ortodoxo, que vestía todo de negro, con los típicos tirabuzones la barba crecida y el sombrero negro.
¿Te quieres morir cabrón? ¿Eso es lo que quieres? ¡He!
El viejo hablo tranquilamente manteniendo los brazos arriba.
-Lo que quiero es resolver su problema.
-¡Tu! ¡Me vas a resolver mi problema! ¿Cómo puedes hacerlo si eres casi un cadáver? Le grito.
-Porque quieres dinero y quieres salir de aquí, y yo puedo darte ambas cosas.
El asaltante se quedo un rato observando al viejo judío, después aventó al rehén que aun sostenía con el brazo derecho y grito a sus cómplices.
-Haber, llévense a este tipo y júntenlo con los otros- Después se enfrento con el viejo y dijo. –Así que tu puedes darme lo que quiero, muy bien veamos cómo vas a lograrlo, solo te advierto una cosa, como trates de verme la cara de pendejo o no puedas cumplir lo que ofreciste, yo si te prometo que serás el primero en salir, solo que lo harás en calidad de cadáver. ¿Estamos?
-Pues estaremos- contesto el judío -¿Tú quieres cien millones de pesos? ¿Cierto?
-Y tú los tienes y me los vas dar. ¿Cierto?- Se burlo
-No, yo no los tengo, pero se quien los tiene. Y puedo pasarlos a la cuenta que tú elijas.
-Y suponiendo que es cierto lo que dices, ¿cómo sé que no retiraras el dinero en cuanto me dé la vuelta?
-Porque no me dirás el numero de tu cuenta. En cuanto esté lista la transacción tú marcaras el número y finalizaras la operación sin que yo me entere de cuál es.
-Y como puedo estar seguro de que tengo el dinero.
-Por favor, no me diga que nunca ha checado su saldo, por teléfono o en la computadora.
-¿Está bien, y como salimos de aquí?
-Eso es un poco largo de explicar, que le parece si vamos a una de esas maravillosas maquinitas- Dijo señalando las computadoras –Y mientras le traspaso su dinero le explico mi plan para que puedan salir de aquí.
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