El hombre al que la muerte despreció.
Por: Juan Mazondo A.Léela en mi blog, es más fácil
Cap. 53 La verdad tras la noticia.
La ambulancia había recorrido solo diez cuadras cuando cuatro de sus pasajeros sacaron armas cortas y amagaron a los paramédicos y al chofer, uno de ellos se puso al volante y el resto de los pasajeros y personal médico fueron echados fuera de la ambulancia, la cual desapareció a toda velocidad haciendo sonar la sirena.
Uno de los pasajeros a quien sacaron de la ambulancia era el viejo judío, que en cuanto se vio libre apretó el paso sin hacer caso del resto que no acertaban a decidir que debían hacer.
Poco después, llegaba a una vivienda de clase media en las colonia Condesa, de dirigió al cuarto de baño y se paro frente al espejo, dirigió su mano derecha a la barba y recordó que no estaba funcionado la grabadora, salió del baño y fue a encender la video-grabadora, regreso junto al espejo y dirigiéndose a la pequeña cámara dijo mientras se despojaba de la barba y la peluca. –No te podrás quejar Jorgito, te estoy haciendo caso y dejándote constancia de mis actividades. Hoy en el banco Intermundial tu abuelo ha estado muy ocupado, en los noticieros te habrás enterado de lo que paso, sin embargo ellos no saben la verdad,- Dijo mientras se lavaba la cara y recuperaba su apariencia real. –No les creas cuando dicen que se fueron sin cobrar rescate, la verdad es que yo se los pague, no de mi dinero por supuesto. Voy a mi mesa de trabajo y ahí te sigo contando.
Una vez instalado frente a su ordenador, a través del cual transmitía información a su nieto, continuó diciendo:
-La verdad el asalto me cayó como anillo al dedo, hace días me entere de que el procurador Ortega, esta coludido con uno de los carteles de la droga. Me puse a investigarlo y resulto ser verdad, me entere de que tiene una cuenta bancaria bajo un nombre supuesto. Más bien a su verdadero nombre, ya que el nombre supuesto es el de Jesús Ortega, él en realidad se llama Joel Quintero y en su juventud fue miembro de una banda guerrillera. Decidí entonces darle un pequeño castigo, aun no sabía cómo hacerlo y de pronto me vi envuelto en lo del banco. Entonces hice un trato con los asaltantes, les pague el rescate y les di un plan de escape. El rescate se los pague con el dinero de la cuenta del comandante Ortega, por cierto, cuando vieron que en la cuenta había más de doscientos treinta millones, les entro la ambición y ya no se conformaron con los cien millones que pedían, como comprenderás, como el dinero no era mío, pues me puse de manirroto y se los di todo, Para evitar que pensaran que de la misma forma que lo traspase a su cuenta se los pudiera quitar, hice que sin que yo los viera, ellos mismos pusieran el numero de su cuenta y cerraran la operación. Lo que ellos no saben es que su número y su clave fueron enviados a mi correo, así que en este momento igual que se los di, se los quito. Solo que no regresarán a su cuenta original, sino que serán repartidos entre las treinta mil cuentas con menos saldo en el banco. Cuídate hijo, y por ahí te estaré informando de cualquier otra cosita que surja o cualquier travesura que se me ocurra Bye. Una última cosa, los pobres asaltantes jamás relacionaron el nombre de Joel Quintero con el de Jesús Ortega, así que los inocentes no tienen idea de lo que les espera.
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