-Un familiar de Jorge Amorena, que pase a identificar el cadáver.- Dijo el encargado del crematorio.
El señor Amorena se levanto al mismo tiempo que su hijo.
-Por aquí por favor- dijo el encargado.
Jorgito siguió a su padre, mientras ponía a funcionar su inseparable cámara.
Diez minutos después, ambos se encontraban en la sala del crematorio mientras esperaban que les entregaran las cenizas de don Jorge. Cuando de un automóvil bajó corriendo el Dr. Nava, al tiempo que de otros dos autos y una camioneta, bajaban varios periodistas y camarógrafos.
-¡Alto!- grito el Dr. Al tiempo que entraba corriendo con un papel en la mano -No pueden incinerarar al cadáver de Jorge Amorena, tengo aquí una orden que lo impide.
-Me temo que ha llegado tarde doctor, el cuerpo de mi padre ya está en el horno- dijo el Sr. Amorena poniéndose de pie.
-Eso no puede ser.
-Pero lo es, si lo desea puede pasar a comprobarlo, o bien, puede ver las imágenes del momento en que entro al horno, en la cámara de mi hijo.
-¡Maldito! Se salió con la suya. Pero le juro que si puedo, se lo haré pagar con creces.- Rugió el médico.
-¿Podremos contar con una copia, de la película que tomo su hijo?- pregunto uno de los periodistas.
-No veo porque no, haré que saque un par de copias para ustedes.
-¡Hey, hey hey! El reportaje es mío. Y si se los doy gratis, nunca me van a respetar como periodista.- dijo Jorgito –Así que si lo quieren, les saldrá a cien mil pesos la copia, o si alguien lo quiere en exclusiva quinientos mil.
-Oye, no puedes lucrar con el cadáver de mi padre.
-No estoy lucrando con el abuelo. Estoy vendiendo mi primer reportaje.- Dijo Jorgito con firmeza.
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