lunes, 17 de enero de 2011

La segnda vida de Jorge Amorena Cap. 4 Blog novela

El hombre al que la muerte despreció.
Por: Juan Mazondo A.


El cambio. Cap. 4

-Pero papa…
-Silencio, no digas nada más. He tomado una decisión y nada me hará cambiar de opinión.
-Pero usted no debe impedir que…
-Como usted mismo lo dijo antes, estoy en mi derecho- Sin más trámites saco su celular y después de marcar un número dijo.
-Bueno, ¿Ernesto? ¿Ya sabes quién habla?
-Por supuesto. ¿Cómo estas Jorge? ¿A qué debo el milagro?- Respondió la voz al otro lado de la línea.
-¿Sigues teniendo el negocio de funeraria y cremación?
-Así es.
-Necesito que me hagas un enorme favor.
-Tú dirás.
-¿Puedes venir de inmediato con una de tus carrozas a recoger un cuerpo a la morgue?
-¿Es muy urgente?
-Urgentísimo.
¿Puedo saber de qué se trata?
-Alguien desenterró el cuerpo de mi padre, y quiero que sea incinerado hoy mismo.
-En ese caso salgo para allá.
-Gracias, sabía que podía contar contigo.
-Usted no puede cremar el cadáver, necesita una autorización- dijo el doctor.
-Lo sé, y no se preocupe ya me encargare de eso.- dijo mientras marcaba otro número en el celular.-Hola Doc. Habla Amorena.
-Lo sé, con esa voz no puede ser otro, ¿Qué necesitas? Porque solo me hablas cuando necesitas algo.
-Y esta vez más que nunca.
-Tú dirás
-Mira, ha pasado algo muy grave, y temo que si mi madre se entera le vaya a afectar seriamente, tu como su médico, sabes que no anda bien de su corazón. ¿Podrías ir a su casa y estar con ella hasta que yo llegue?
-Claro, pero ¿de qué se trata?
-Alguien desenterró el cadáver de mi padre, y me temo que va a salir en las noticias, ¿Crees que podrás evitar que vea algún noticiero? o peor aún, que algún reportero metiche pretenda entrevistarla.
-Desde luego que si, y haré algo mas, le daré algún sedante suave, para que puedas hablar con ella sin problemas.
-Gracias, te estaré eternamente agradecido.
-Y tendrás que pagar una buena cena.
-Donde tú digas.
Durante un tiempo, el médico legista trato infructuosamente de hacerle cambiar de opinión, veinte minutos después, Ernesto llegaba con  la carroza, y a pesar de las protestas del forense, recogieron el cuerpo de Don Jorge Amorena.
-Me iré con Jorgito en el carro y te alcanzare en el crematorio. Tengo que conseguir el permiso.
-Por eso no hay problema, no sé porque me imagine que lo necesitarías, así que ya hable con un conocido- dijo Ernesto tendiéndole una tarjeta. –Entrégale esta a quien va dirigida, y no tendrás ningún problema.
-Ni hablar, ya debo dos cenas.
-¿Por qué?
-Porque le acabo de pedir otro favor a Carlos, el Doc. Y me dijo que tendré que ponerme a mano con la cena.
-Ni máiz, yo no quiero ninguna cena, a mi me vas a tener que pagar una buena borrachera, y en un buen cabaret.
-Dala por hecho.
Cuando se dirigían a recoger el permiso Jorgito pregunto.
-¿De veras vas a cremar al abuelo?
-Supongo que sí, pero todavía no; antes vamos a asegúranos de que no tienes razón, y aunque no creo que exista ni siquiera una posibilidad en diez millones, vamos a comprobar, sin que quede la menor duda, que está bien muerto.
-¿Y entonces todo este teatro?
-Ya me oíste en el cementerio, no quiero que hagan de esto un circo, así que para todo el mundo, tu abuelo será incinerado hoy mismo.
-¡Genial! Podríamos repetir esta conversación para la cámara.- Dijo poniéndola a funcionar.
-Antes tengo que hacer un par de llamadas más.

Subscríbete a mi blog por email… es gratis

No hay comentarios:

Publicar un comentario