Por: Juan Mazondo A.
La sorpresa
Mientras su padre llamaba Jorgito checaba la batería y la memoria de la cámara. Luego, ambos subieron a la camioneta y se dirigieron al panteón donde fueron citados por el jefe de policía.
Casi una hora después, estaban ante la tumba de don Jorge Amorena, mismo nombre que llevaban su hijo y su nieto. Jorge Amorena padre, tenía a la sazón cuarenta y cinco años y era el hijo menor del difunto y el único de sus hijos que le sobrevivía, era un hombre fuerte, blanco y de pelo negro, de poco menos de un metro ochenta, su hijo tenía quince años y era un joven delgado y bien parecido, muy semejante a su padre pero con el pelo rubio de la madre. Al llegar encontraron que la policía tenía acordonada el área cercana a la tumba, y que ya estaban ahí varios periodistas, quienes infructuosamente trataban de acercarse a la tumba.
-Hola. ¿Es usted el Sr. Amorena?
-Así es.
-Soy Arturo Fernández Jefe de policía, yo fui quien le llamo.
-¿Que es lo que ha pasado y porque era tan urgente que viniera?
-Ahora lo verá, pase por aquí.
La policía les permitió el paso a la zona acordonada, y pudieron ver que alrededor de la tumba abierta había un círculo de pétalos de rosas y un círculo interior de velas casi consumidas y ya apagadas.
-¡Dios mío¡ ¿Qué es esto? –Exclamo el señor Jorge
-Al parecer, aquí se celebro anoche algún tipo de ceremonia.- Respondió el jefe de policía - Sin embargo, eso no es lo importante.
-¿Entonces? –pregunto Jorge mientras su hijo no dejaba de filmar.
-Lo verdaderamente extraño, y por lo cual lo he llamado en forma urgente, es el estado en que se encuentra el cadáver de su padre.
Jorgito que no perdía palabra se acerco con la cámara a la tumba.
-¡En la madre! Si esta igualito que el día en que se murió- Exclamo.
El Sr. Jorge se acerco a la tumba, y después de ver el cadáver de su padre pregunto. –Pero… ¿Cómo es posible esto?
-Es lo mismo que yo me pregunto. –Dijo un hombre de traje oscuro y regordete.
-Le presento al médico legista –Dijo el jefe de policía.
-Tanto gusto, Luís Nava para servirle, -Se presento el Doctor –Y déjeme decirle que esto me tiene verdaderamente perplejo, pues el cadáver no presenta ningún signo de momificación, es algo que jamás me ha tocado presenciar, en verdad como dijo el niño, esta igual que si acabase de morir.
-Pues sí que es difícil de creer, sin embargo creo que debemos enterrarlo de nuevo y cerrar la tumba.
-Por eso lo hemos llamado, por un lado como verá, la prensa ya se entero y quieren hacer su reportaje, y aunque hasta ahora no les hemos permitido tomar fotos, será difícil quitárselos de encima, y si se entierra de nuevo el cadáver aquí mismo, es posible que cualquier día encontremos de nuevo la tumba abierta y tal vez hasta sin cadáver. Y por otro lado, aquí el Doc. Quiere que se le dé permiso para estudiar el cuerpo.- Dijo el jefe de policía.
-En efecto Sr. Amorena, con todo respeto y debido a las increíbles circunstancias, le pido que se me permita estudiar el cuerpo, para ver si es posible conocer la causa por la cual no solo no se descompuso, sino que ni siquiera se momifico.
-No estoy de acuerdo en que el cuerpo de mi padre se convierta en un circo, así que tal vez lo mejor será incinerar el cuerpo, y acabar con el problema.
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