El hombre al que la muerte despreció.
Por: Juan Mazondo A.
El reencuentro. Cap. 7
-Hola Jorge, habla Carlos, ¿tienes pluma y papel a la mano?- dijo la voz en el teléfono.
-Permíteme un segundo.- Un momento después Jorge decía. -Listo dime.
-Apunta; Privada de Montesinos numero 20, colonia los Azules. ¿Lo tienes?
-Si ¿qué hay ahí?
-Recordé que el Dr. Larrozo, me dejo las llaves de una clínica que esta por abrir para que le recibiera unos aparatos que le faltaban, mientras él tomaba con su esposa unas vacaciones en Europa, antes de iniciar actividades. Así que me tome el atrevimiento de inaugúrala con tu padre, creo que esto nos permitirá de manera más segura mantener el secreto.
-Creo que es una idea magnifica, y una circunstancia muy oportuna.
-¿Sabes dónde queda?
-Creo que sí. Es atrás del Palacio de Cristal ¿no?
-Así es, entonces aquí los espero.
-Ahí estaremos en un rato más.
-Hola doctor, finalmente, después de las mil vueltas que me trajo dando este esquizofrénico hijo mío, dizque para estar seguro de que nadie nos seguía, al fin hemos llegado- Dijo doña Luz como saludo.
-¿Y dónde está el abuelo? –pregunto Jorgito con su inseparable cámara en mano.
-Lo siento Doc. No pude evitar que viniera.
-Por mí no hay ningún inconveniente. ¿Como estas Jorgito?
-Muy bien doctor. ¿Pero no cree que ya no deba de ser Jorgito? Después de todo, ayer gane quinientos mil pesos.
-Felicidades, pero no olvides que yo te traje al mundo, además, si a ti te digo Jorge, para diferenciarlos tendría que decirle don Jorge a tu papa, y te aseguro que a esta mula nunca le voy a poner ningún Don.
-Bueno, bueno, menos platica y vamos a ver a mi marido –Dijo doña Luz
-Perdón Doña Luz, pasen por aquí por favor.
Entraron en las relucientes salas del sanatorio, que recibía su primer paciente, el hospital tenía todo dispuesto, para abrir sus puertas en cuanto sus dueños regresaran de su viaje, solo le faltaba el personal, y justo esto es lo que tan bien les venía a sus propósitos.
-Lo he puesto en la sala de cuidados intensivos, creo que ahí encontraremos todo lo necesario para poder examinarlo, no he querido hacer nada hasta que estuvieran ustedes aquí, para que juntos descubramos, si Don Jorge nos tiene algunas sorpresas- Dijo el Dr. Carlos, deteniéndose ante una de las salas. –Aquí es, pasen ustedes.
-¡Dios mío!- Exclamo doña Luz. –Jamás pensé que lo volvería a ver, está un poco más delgado, pero si, tal parece que acabase de morir- Y mientras decía esto acariciaba el rostro del que fuera su esposo. –Si no estuviera tan frió, hasta pensaría que solo está dormido.- Por un tiempo Doña Luz estuvo contemplando el cuerpo del que fuera su esposo y después dirigiéndose al cadáver le dijo. –No tienes idea de lo mucho que te he extrañado, ni de la falta que me has hecho, y todo, porque no fuiste capaz de cumplir la promesa que me hiciste, ¿Por qué carajos te fuiste antes? ¿No me juraste que estarías conmigo hasta el último día de mi vida? Fue la única promesa que no cumpliste.- Después volviéndose hacia su hijo le dijo. –Nunca te contamos como nos conocimos ¿verdad?
-No, la verdad no.
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