martes, 25 de enero de 2011

La segunda vida de Jorge Amorena. Cap. 8 Blog-novela

El hombre al que la muerte despreció.

Por: Juan Mazondo A.



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Recordando.  Cap. 8

-El día que nos conocimos, yo me estaba escapando de mi casa.
-¿Qué te estabas escapando? ¿Y eso?
Era la noche anterior a día de mi boda, no, no mi boda con tu padre, sino con Andrés Pacheco, un ranchero amigo de mi padre,  cuyas tierras colindaban con las nuestras, el matrimonio había sido acordado por mi padre y yo la verdad no podía soportar el casarme con ese tipo. Así que tome unas pocas pertenencias, el poco dinero que tenia y las pocas joyas con que contaba, y escape de mi casa, tome el tren que salía de madrugada a la capital, sin tener idea de lo que haría, todo lo que quería, era poner tierra de por medio, entre el que mi padre quería para mi marido y yo. A los pocos kilómetros de aquel viaje, un tipo vino y se sentó en el asiento contiguo al mío, era un tipo horrible, y cuando me empezó a molestar, la verdad yo me sentí aterrada, de pronto apareció un joven que de un tirón levanto a aquel tipo y le ordeno largarse. Yo pensé que aquello terminaría en un pleito, pero no, el tipo se quedo mirando al joven y tal vez decidió que llevaba las de perder, porque sin decir palabra se alejo a otro vagón. El joven, como habrás adivinado era tu padre, amablemente pregunto si estaba bien, y si deseaba que me acompañara o si prefería que se retirara, como comprenderán después del susto preferí que se quedara, resulto ser del pueblo vecino y que iba a la capital a visitar a una tía, hermana de su madre, y a inscribirse en la universidad para el siguiente curso, cuando le conté la causa de mi viaje, el me dijo que la tía que visitaría, manejaba una casa de asistencia  para señoritas, y que si yo lo deseaba podía pasar a conocerla y tal vez fuera la solución que yo necesitaba. Y en verdad lo fue, me quede en su casa, me cobraba una renta moderada, me consiguió un trabajo decente y bien pagado, y pude inclusive entrar en una escuela vespertina.
-Y mi padre se convirtió en asiduo visitante de la tía ¿no?
-No de inmediato, pero si en cuanto comenzó el ciclo escolar, nos hicimos novios y como él iba seguido al terruño, pues me mantenía informada de los chismes que por ahí se contaban, así supe que mi padre había dejado de buscarme, pero que no me había perdonado. De modo que cuando tu padre me propuso matrimonio, le dije que podíamos casarnos cuando quisiera, pero en la capital, él sin embargo no estuvo de acuerdo, le costó trabajo, pero logro convencerme, me dio su palabra de que lograría que mi padre aceptara nuestro matrimonio en la parroquia del pueblo. Y lo lograste. ¿Te acuerdas?- dijo moviendo la barbilla del cadáver.

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