Por: Juan Mazondo A.
El compadre Miguel. Cap. 16
-Hola, Migue, ¿sabes quién habla?
-¡Lucita! He estado llamándote sin conseguirlo. ¿Qué fue eso que oí de que desenterraron al compadre?
-Por eso te llamo ¿Estas solo?
-De sobra sabes que si, a mi edad los amigos escasean. Los que no se fueron de la ciudad, se fueron del mundo.
-Quiero pedirte un favor, ¿Crees que podrías estar fuera de tu casa algunos días?
-Por supuesto. ¿Hay algún problema? Según las noticias desenterraron al compadre y en seguida lo incineraron. ¿Es así?
-Mira eso te lo cuento ahora que nos veamos. Pero por favor, no enteres a nadie de que vendrás conmigo. ¿De acuerdo?
-No hay problema, aunque estas de un misterio que aterra.
-Si te vas a poner de de delicado mejor no vengas.
-Tú no dejes de preocuparte. ¿Dónde te veo?
-¿Recuerdas que alguna vez comimos con Jorge en el Palacio de Cristal? ¿Recuerdas donde esta?
-Sí, claro que me acuerdo. Es ese lugar caro y lujoso donde le cobran a uno un ojo de la cara y lo dejan sin comer. No estarás pretendiendo invitarme a comer ahí ¿Verdad?
-Si no comiste es porque eres un tipo raro. Solo tú te puedes quedar sin comer en un buffet de mariscos, con Langostinos, Caviar, Esturiones y otras delicias del mar.
-Lo serán para ti, pero para mí no tuvieron ni siquiera un triste cóctel de camarones.
-Eso es porque ahí no venden comidas proletarias, pero no te preocupes, nada de comer ahí, solo te recogeré en el estacionamiento. ¿En qué tiempo calculas llegar?
-¿En una hora está bien?
-De acuerdo, pero no olvides traer ropa para una semana, no quiero verte como retrato, siempre con la misma mugre.
-¡Ha! ¿Lanzando indirectas?
-No, si son bien directas. ¿Entonces te espero en una hora?
-Si ahí nos vemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario