Por: Juan Mazondo A.
Genio y figura. Cap. 17
-Hola compadre, gracias por venir, y además veo que eres puntual, cosa que nunca fue una de tus virtudes.
-Hola comadre, gusto en verte, y me alegra comprobar que tu si sigues fiel a las tuyas, lo claridoso no se te quita.
-Me quedo claro que no te gusta comer aquí ¿Pero supongo que aun puedes tomarte una copa sin que te de una chiripiolca?
-Por eso no te preocupes, que diga el médico lo que diga, el licor siempre estará en mi dieta.
Pasaron al interior del restauran, y doña Luz busco una mesa alejada de los escasos comensales que había a esa hora. Ordenaron sus bebidas y mientras les servían conversaron de cosas intrascendentes, una vez que el mesero les llevo su pedido, Miguel dijo: -No es que quiera ser impertinente, pero la verdad la curiosidad me está matando. ¿Qué fue lo que pasó con mi compadre?
-¿Me prometes que te vas a comportar, y que no pegaras de saltos ni tendré que recogerte del suelo?
-¿Tan grave es?
-No es grave, solo extraño.
-¿Muy extraño?
-Más de lo que te puedas imaginar ¿Qué fue lo que escuchaste?
-Que alguien desenterró el cuerpo del compadre, que este se encontraba incorrupto y después fue incinerado, sin que Jorge les permitiera estudiar el cuerpo.
-Oficialmente así fue. Sin embargo, la verdad difiere un poco.
-¿En qué sentido?
-En que en realidad no fue cremado, el cuerpo de mi marido lo tenemos aquí cerca.
-¡Que! ¿Y eso porque?
-Agárrate que aquí viene lo bueno. Es posible que Jorge no esté muerto.
Miguel palideció y abrió la boca pero no pronuncio palabra alguna.
-Me prometiste que te ibas a controlar y que no te daría un ataque. Así que serénate o el muerto vas a ser tú, y la verdad ya muerto no me sirves de nada.- Le amonesto doña Luz.
-Es que lo que dices es imposible.
-No sé si es imposible o no, pero ni Carlos, el doctor que nos atiende, ni mi hijo Jorge, pueden quedarse a ayudarme a cuidarlo sin despertar la curiosidad de algunos periodistas metiches, que al parecer no se tragaron completo el cuento. Así que pensé que tal vez tú puedas acompañarme. ¿Cuento contigo?
-Sabes muy bien que sí, pero no antes de que me tome otra copa.
-No te digo, eres el mismo panchero de siempre.
-Que quieres. Genio y Figu…. No, mejor cambio de dicho porque este ya no me gusto.
Doña Luz soltó la risa y llamaron al mesero.
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