Por: Juan Mazondo A.
Si la quieres leer completa. Subscríbete a mi blog por email… es gratis
¿Con las manos en la masa? Cap. 24
Al día siguiente, Jorge Amorena salía del sanatorio San Patricio, cuando se topo de frente a Andrés Duval.
-¿Es aquí donde lo tiene señor Amorena?
-¡Válgame Dios! De verdad que es usted insistente.
-No puedo negarlo ¿Aquí es donde está su padre, verdad?
Jorge Amorena agacho la cara y se la cubrió con ambas manos mientras emitía un suspiro, después levanto la cara poco a poco mientras sus manos se deslizaban lentamente.
-Muy bien, usted gana, pase- Dijo mientras abría nuevamente el sanatorio, y dejaba que el reportero pasara al interior.
-¿Donde se encuentra?
-A mi no me lo pregunte, es usted el escritor de esta historia, así que es usted el que debe saber dónde está.
-Vamos señor Amorena, reconozca que perdió, lléveme con él.
-Me encantaría poder hacerlo, pero ya le dije el inventor de esta historia es usted, no yo. Lo que si haré es que no le dejare salir, en tanto no recorra hasta el último rincón del hospital y se convenza de que no hay nadie. Porque sabe, ya me está hartando con sus jaladas.
-No me decepcione, dígame donde se encuentra.
Amorena, lo llevo a recorrer todo el reluciente Sanatorio, sin dejar ni el más mínimo espacio sin recorrer. Cuando Duval se hubo convencido de que no había nada, dijo.
-Entonces ¿Qué hacia usted en este sanatorio vació?
-Señor Duval, lo que yo le pueda decir del porque de mi presencia en este lugar, no tiene para usted ninguna importancia, porque le diga lo que le diga, usted solo creerá lo que quiere creer. Si después de que mi padre pasó un año muerto y enterrado. Y si aun después de incinerado, usted sigue creyendo que está vivo. Dígame- pregunto dando a su voz un tono de gran exasperación - ¿Para que cárajos me voy a molestar en explicarle, el porqué de mi pinche presencia en este lugar?- Cerro el sanatorio y se fue.
Andrés Duval, se quedo solo en la calle, hasta ese momento estaba seguro de que Jorge Amorena escondía a su padre, ya fuera el cadáver o al hombre revivido, sin embargo, después de lo que acababa de pasar, se sintió ridículo. Todo lo que le había dicho era tan lógico, y lo que él pensaba y dijera tan absurdo que subió a su carro y decidió olvidarse del asunto. Si la quieres leer completa. Subscríbete a mi blog por email… es gratis
No hay comentarios:
Publicar un comentario