El hombre al que la muerte despreció.
Por: Juan Mazondo A.
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La cabaña Cap. 25
El lugar era en verdad hermoso, enclavado dentro de la sierra, en un paraje escondido y casi desconocido, con vista a una pequeña laguna natural, formada por la caída de agua de aproximadamente tres metros de altura del río que la abastecía, parecía un paraíso terrenal jamás hollado por el hombre. Contaba con una playita de seis metros entre la cabaña y la laguna, rodeada de alta vegetación, no se percibían signos de civilización ya que la cabaña, había sido construida de forma tal, que no era percibida hasta que se estaba junto a ella, de lejos parecía solo un montículo más en el terreno. El pueblo más cercano se encontraba a sesenta kilómetros de distancia, y el acceso a ella solo se daba a través de un camino abierto en la sierra y ahora casi devorado por esta.
La otra forma de llegar, era a través del aire en helicóptero, sin duda la única forma de fácil acceso. El piloto que los había llevado, recibió una propina generosa y la petición de que les guardara el secreto del lugar. Dejándoles el numero de su celular para cualquier posterior necesidad de trasporte.
El piloto les había ayudado a llevar la camilla con Don Jorge, hasta la recamara principal de la cabaña, y colocarlo en la cama.
Todo se encontraba en orden y limpio gracias al acuerdo que mantenían con una familia de campesinos, a los cuales se facilitaban las tierras aledañas para que las trabajaran y vivieran en ellas, además de pagarles un sueldo por mantener la cabaña limpia, y el acceso a personas extrañas restringido.
-Caramba Doña Luz- Dijo el doctor –Cuando hablo de una cabaña, yo pensé en una casita de madera en el bosque, pero esto es como una mansión subterránea. ¿De dónde obtiene la energía eléctrica?
-Jorge encontró el lugar hace ya algunos años, lo compro junto con las tierras aledañas y construyo esta cabaña a la que le puso todos los servicios, pero de manera que sea totalmente autónoma. Tiene un generador eólico, que abastece la electricidad no solo de la cabaña sino también a la casa de los cuidadores, calentadores solares que mantienen el agua caliente y un sistema de cañerías, lo que le da servicios completos a la casa. Lo único que no tenemos es gas así que cocinamos con electricidad.
-Y los cuidadores ¿Dónde están?
Pedro y su familia viven a treinta kilómetros de aquí, rumbo al pueblo. Solo vienen cada quince días, para mantener limpia la casa, cuando Jorge venga, pasara a avisarles que estamos aquí, para que nos visiten periódicamente por si se nos ofrece algo. Quedó también de traerles un celular, para que podamos mantener comunicación con ellos.
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