Por: Juan Mazondo A.
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Recordando el despertar. Cap. 34
Los comentarios de Jorgito trajeron a la memoria de doña Luz aquella mañana dos meses antes, en que al despertar sintió las manos de su marido acariciándola.
-Por lo que veo hoy amanecimos venenosos.
-Así parece, -contesto este- lo malo es que aun estoy un poco tieso para moverme libremente.
Doña Luz vio la tienda de campaña que se formaba a la mitad de su marido y dijo.
-Yo diría que no estás un poco tieso, estas muy tieso.
-Así parece- sonrió Jorge con picardía -pero como no me puedo subir. ¿Por qué no te subes tú?
-¡Estás loco!
-Si loco de ansiedad y de deseo. Súbete.
-¿Lo dices en serio?
-Muy en serio, así deja de hablar y súbete.
La escena se repitió cada mañana, y como si ese fuera el tratamiento ideal, la rehabilitación de don Jorge se acelero. Antes de un mes ya era él quien llevaba la batuta. Y ahora no se conformaba con las mañanas, también repetía por las noches. De hecho doña Luz no recodaba cuantos años hacia que su marido no daba muestras de aquella potencia, desde luego los últimos diez años, podía contar con los dedos de la mano las ocasiones en que tuvieron relaciones, pero aun de recién casados muy poco fue el tiempo en que su marido fue tan exigente. Así que por ella, podía quedarse en aquel lugar el resto de su vida, después de aquello no tenia energías para gastar en viajes, que por lo demás a su edad ya no le apetecían.
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