El hombre al que la muerte despreció.
Aprendiz de hacker. Cap. 37
-Lo que sucede es que trabajo para una importante empresa fabricante de software para computadoras, y mi principal trabajo es ser una especie de hacker bueno, o sea que intento encontrar las fallas en los sistemas de seguridad.
-¿Y ese trabajo lo hace aquí?
-Aquí o en cualquier lado, lo único que necesito es mi computadora y esa me acompaña a todos lados.
-Suena a que es un trabajo interesante.
-Al menos para mí lo es. Y en este lugar sin que nadie me moleste, he podido trabajar muy bien, y por lo demás, aquí se relaja uno, recarga las baterías y puede regresar al estrés cotidiano con nuevas y renovadas energías.
-Sí creo que le entiendo.
-Jóvenes, aquí está el desayuno- Dijo doña Luz precediendo a María quien llevaba los platos del almuerzo. –El suyo se lo he pedido sin salsa, porque no se que tanto picante come, si lo desea ahí está la salsa.
-Gracias, aunque si como un poquito, no soy muy bueno con el chile. ¿Así que estos son los huevos montados a caballo?
-Así es, en realidad son solo un buen filete aplanado, con dos huevos fritos, y como puede apreciar, aquí María, es una excelente cocinera, pues aunque le parezca increíble, en muchos de los mejores restaurantes no saben cocinar unos huevos fritos, con decirle que me han llegado a preguntar si los quiero bien cocidos o tiernos. Cuando esto ha sucedido les he cambiado la orden, pues los huevos estrellados solo tienen un punto, con la clara bien cocida, no quemada, ni dorada, y la yema prácticamente cruda. Exactamente como estos que prepara María, ¿verdad muchacha?
María no dijo nada, se puso colorada y se retiro, aunque por dentro se sentía orgullosa del halago recibido.
-¿Y piensa pasarse mucho tiempo aquí?- Pregunto doña Luz, quien solo tomaba cereal y fruta en su desayuno.
-Bueno, la verdad, pensaba pasar aquí un par de semanas, pero desconocía que esto estaba habitado, y era propiedad privada, así que les pido disculpas por irrumpir en su propiedad, y después del almuerzo levantare mi campamento.
-Eso no es necesario- Dijo don Jorge –Es más, como puede ver aquí tenemos espacio de sobra y hay tres recamaras libres, así que si gusta con todo gusto lo invitamos a que se quede en nuestra pobre casa.
-La cual de pobre no tiene nada, pero no es necesario, les agradeceré que me permitan quedarme en mi campamento, con eso será más que suficiente.
-Si así lo prefiere no hay ningún inconveniente, sin embargo le dejaremos abierta la puerta y siéntase con confianza para usar los servicios cuando los necesite, no importa lo hora que sea.
-Gracias
-¿Y dígame como llegó aquí ayer por la noche? no vi ningún vehículo.
-El carro lo deje en el pueblo, me encanta caminar y en realidad debí llegar cerca de las ocho de la noche, pero me detuve aquí cerca para cazar un conejo, así que en lo que lo cocine y cene, pues se me hizo tarde, pero como ya estaba muy cerca pues la verdad no me preocupo la hora.
-Si como dice estaba ya muy cerca debimos oír el disparo, sin embargo no escuchamos nada.
-Eso se debe a que mis disparos no se escuchan.
-¿Usa silenciador?
-No, utilizo flechas.
-Debe ser muy bueno con el arco, no debe ser fácil cazar un conejo con una flecha- Dijo doña Luz.
-Cuestión de un poco de práctica, pero siendo sincero, la verdad hago trampa, pues no uso el arco, lo que utilizo es una ballesta.
-Y ese trabajo suyo ¿lo puede aprender cualquiera?
-Teóricamente sí, no veo porque no. En la práctica resulta, que si son necesarias ciertas cualidades. Para llegar a ser realmente bueno.
-Va usted a decir que nomás veo burro y se me ofrece viaje. Por favor no se ofenda, es un dicho de por aquí. Pero, aprovechando su estancia aquí, Habría manera de que me enseñe o me recomiende con quien aprenderlo. ¿Por suerte sabe de alguien, que estuviera dispuesto a venir aquí y enseñarme?
-¿Qué tanto sabe de computación?
-Como usuario soy bastante bueno.
-¿Y como programador?
-Un cero total.
-Entonces tengo que decirle que antes de poder aprender mi oficio sería necesario que aprendiese a programar. Creo tener a la persona que le podría enseñar. ¿Importa el costo?
-En absoluto.
-Entonces si usted está de acuerdo, podría enviarle a la persona, y cuando regrese en mi próxima visita, con gusto le enseñare lo que se.
-Le estaré muy agradecido, y como le dije, por honorarios fije lo que guste.
-Entonces lo voy a dejar pobre.
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