sábado, 9 de abril de 2011

La segunda vida de Jorge Amorena. Cap. 54 Blog novela

El hombre al que la muerte despreció.

Por: Juan Mazondo A.
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 Cap. 54 En Paris.

Alguien ¿Napoleón quizás? Había dicho, Paris bien vale una misa, y en verdad la llamada ciudad Luz valía eso y mucho más, los últimos dos días los había pasado visitando el Louvre, el museo más famoso de Paris donde el único adefesio  era la pirámide de la entrada, recordó al verla, que según la película el “Código da Vinci” debajo de ella había otra pirámide igual pero invertida en cuyo vértice se encontraba el santo grial. Final que le gusto más que el del libro, que convertía a los principales personajes de casi genios, en casi retrasados mentales. Se hospedo en el Du Palais Royal en parte porque estaba entre el museo y los jardines del Palacio Real y en parte porque era del tipo que en México llamaban colonial, pues prefería las construcciones antiguas a las modernas. Después de seis horas abandono el museo. Decidió que ya era hora de hacerle caso a su estomago que hacía rato estaba protestando la falta de alimento. En parte porque estaba fascinado con las maravillas del museo y en parte, porque hasta ese momento él y la comida Francesa no habían logrado sintonizar, por eso había estado retrasando el momento de abandonar el museo e irse a comer, no le importaba que la comida Francesa fuera cara, lo malo es que además, lo que hasta entonces había pedido no le había gustado, no yendo muy lejos, ayer mismo pidió lo que se suponía la especialidad de la casa, y resulto ser carne cruda servida con varios tipos de salsa y con un mechero de alcohol en el cual se suponía que uno debía sancochar la carne con unos largos tenedores.
La cara que puso el mesero cuando le dijo que se llevara la carne y la regresara bien cocida. Era claro que como gourmet estaba reprobado. Empezó a caminar hacia Saint Michel, después de caminar algunas cuadras encontró un lugar llamado la Brioche dorée, al parecer vendían bagets y ensaladas. Entro y se sentó en la única mesa que quedaba vacía, al menos aquí no le servirían la carne cruda y la comida le resultaba más conocida. Vagabundear solo por Paris, sin conocer el idioma no era la mejor forma de conocerlo. Pidió una de aquellas tartas y un “brownie” que supuso un preparado de frutas, y saco del bolsillo el libro que llevaba. Mientras esperaba su orden leyendo, se le acercó una joven de uno treinta años y le pregunto si podría sentarse a su mesa dado que tenía prisa y el lugar estaba lleno, bueno eso fue lo que el supuso que quería, pues como lo dijo en Francés, lo único que le quedo claro es que deseaba sentarse ahí por el hecho de que indico una de las sillas. Así que indicando la silla con un gesto de la mano, dijo;
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1 comentario:

  1. Creo que ya te comente que me gustaría crear un enlace desde el LIBRERO LOCO a tu novela, lo he intentado pero no tienes índice o no lo encuentro, si de veras estás interesado déjame un comentario en http://simontenplas.blogspot.com/ o en http://fecarsanto.blogspot.com/
    Un saludo

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