lunes, 6 de junio de 2011

La segunda vida de Jorge Amorena. Cap.64 Blog novela.

El hombre al que la muerte despreció.

Por: Juan Mazondo A.
Léela en mi blog, es más fácil
 

Cap. 64 cuarta escena.

Cuando las risas cesaron Pedro dijo.
-Y si yo acepto al niño como mío, y te prometo quererlo igual, aun cuando resulte ser de Aldo, ¿te casaras conmigo?
-Si también me caso con Aldo sí.
-No, solo conmigo.
-Pedrito, no hagas honor a tu nombre, no seas piedra, creo que he sido muy clara los dos o ninguno. ¿Qué deciden?
-Es que esta cabrón, ¿Cómo compartir la mujer? No jodas.
-¿Por qué no? no dijeron que desde niños lo compartían todo. ¿Por qué pueden compartir las cosas y no los afectos?
-No es lo mismo, además los afectos los podemos compartir. Fuimos amigos los tres. ¿O no?
-¿Y que cambia?
-Por favor Marucha, no es lo mismo compartir una amiga que compartir a la esposa.
-Además la ley no permite los matrimonios múltiples –Dijo Aldo.
-Pero las sociedades de convivencia, sí.
-Que yo sepa, esas solo permiten la unión de dos personas sin importar el sexo, pero no tres o más. –Apunto Aldo.
-Pero tampoco especifica que no. Así que podemos inaugurar los tríos.
-Un momento.- Dijo Pedro –Están hablando como si ya lo hubiésemos aceptado, y al menos yo no lo acepto.
-¿Y cómo amiga si me aceptas?
-Como amiga claro que te acepto.
-Pues entonces no firmamos nada y se vienen los dos a la casa.
-No, no puedo compartirte ni como amante.
-¿No me contaste que una vez compartiste a una servidora publica con Aldo?
-Pero tú no eres una puta.
-Pues si ese es el problema, les cobro.
Las risas y gritos de los comensales no se hicieron esperar.
-Dime Marucha- Dijo Aldo-  por qué no puedes aceptar casarte solo con uno de nosotros, yo puedo ser un buen padre para tu hijo, y creo que como amante no lo hago tan mal.
-Cierto, no eres un mal amante, eres tierno e imaginativo, y logras encenderme y elevarme a la cumbre del placer, lo malo, es que cuando terminas me dejas colgada allá arriba.
Las voces de público no se hicieron esperar.
-Ya lo oíste Aldo, no le das batería.
-Resulto mucha mujer para ti.
-Debes comer más ostiones.
Marucha se volvió al público y dijo –Ni griten tanto, porque si les pregunto a sus mujeres, seguro no quedaran muy bien parados.
Y volviéndose a Pedro le dijo. –Y tú aun cuando eres muy fogoso y casi salvaje para hacerme el amor, tampoco eres capaz de terminar conmigo, y no tienen porque sentirse mal, ningún hombre es capaz de lograrlo, por eso cualquier mujer normal y saludable necesita por lo menos dos maridos.
Nuevamente la algarabía del público se dejo escuchar.
-Eso será contigo Marucha.
-Mi mujer solo me necesita a mí
-Es que no me has probado preciosa.
-Conmigo es al revés Marucha, yo necesito dos mujeres.
Marucha espero que se calmaran y luego dijo. –Sí, yo se que todos ustedes son muy hombres, y no lo discuto, lo que cuestiono es la sinceridad de las mujeres, porque por la educación que hemos recibido, por eso que llaman moral, o por no conocer más que un hombre y no poder comparar. No han tenido la sinceridad de reconocer que con uno no les basta.
-Te equivocas a mí el mío si me llena- le grito una mujer del público.
-Pues en mi caso no es así.- Replico Marucha. –Así que o consigo dos o no me caso.
-¿Y prefieres ser una madre soltera, a casarte con uno solo de nosotros?- Pregunto Aldo.
-Yo jamás hable de ser madre soltera, si no hay boda no hay bebe.
¡¿Qué?! ¿Te atreverías a abortar?- Se asombro Aldo.
-Según la ley, no sería un aborto, aun no tiene las doce semanas.
-La ley podrá decir misa, pero un aborto es un aborto, sea a la semana o a los ocho meses. –Dijo Aldo enojado.
-Pues yo acepto lo que la ley dice, y si la ley dice que un feto, no es un embrión humano hasta las doce semanas, para mí vale. ¿O usted qué opina Don?- Pregunto dirigiéndose a Jorge.
-Yo en eso no tengo opinión- respondió Jorge –Solo te puedo decir que contrario a lo que opina la ley, para la iglesia católica un feto es un ser humano desde el momento de la concepción. Mientras que para una madre judía, un feto, es un feto, mientras no se ha graduado en la universidad.
La carcajada del público rubrico la ocurrencia.
-Pues yo no estoy de acuerdo con que abortes a mi hijo- dijo Pedro.
-¿Y quien dijo que es tuyo?
-Yo tampoco estoy de acuerdo, tú misma dijiste que es de uno de los dos.
-Pues ambos tienen la solución en sus manos. Y no veo porque les resulta tan difícil aceptarlo, según recuerdo los dos lo disfrutaron y mucho cuando lo hicieron.
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